Quizás no exista en el mundo otro mercado energético que haya sufrido tantas transformaciones radicales en la última década como México.
Después de que la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) dominaran el mercado de energía de México por 75 años, el sector se abrió a los actores privados en 2014, permitiendo la llegada de una gran cantidad de inversión en petróleo, gas natural, electricidad, energías renovables e infraestructura por primera vez desde los años 30.
No obstante, tan pronto como la industria se abrió quedó parcialmente detenida después de las elecciones presidenciales en 2018, y se volvió a centrar la atención en fortalecer las compañías energéticas controladas por el gobierno, limitando la participación de las empresas privadas.
Este golpe súbito a la política ha creado un panorama complicado para las compañías energéticas que operan en México y las ha dejado en la constante necesidad de contar con la información más actualizada, vigente, futura y en tiempo real disponible al momento de evaluar sus próximas decisiones comerciales.