La naturaleza compleja y a gran escala del cambio climático lo convierte en un reto único, especialmente en el contexto de la toma de decisiones económicas. Además, muchas empresas han considerado erróneamente que las implicaciones del cambio climático solo son relevantes a largo plazo y, por lo tanto, no son necesariamente relevantes para las decisiones que se toman hoy. Sin embargo, esas opiniones están cambiando a medida que se dispone de más información sobre las posibles repercusiones financieras de gran alcance derivadas del cambio climático.
En diciembre de 2019, el director del Banco de Inglaterra, Mark Carney, señaló que "los cambios en las políticas climáticas, las nuevas tecnologías y los crecientes riesgos físicos impulsarán la reevaluación de los valores de prácticamente todos los activos financieros". Por lo tanto, las empresas y los proveedores de capital deben considerar sus estrategias a largo plazo y una asignación de capital más eficiente a la luz de estos cambios. Las organizaciones que invierten en actividades que pueden no ser viables a largo plazo serán probablemente menos resistentes a la transición hacia una economía con menos emisiones de carbono, y sus inversores experimentarán probablemente una menor rentabilidad.
Para agravar el efecto sobre los rendimientos a largo plazo, existe el riesgo de que las valoraciones actuales no tengan en cuenta adecuadamente los riesgos relacionados con el clima debido a la falta de información. Los inversores, los prestamistas y los suscriptores de seguros necesitan información adecuada sobre cómo se preparan las empresas para una economía con menos emisiones de carbono. Es necesario que las empresas de todo el mundo revelen información más eficaz, clara y coherente sobre cuestiones climáticas.