Este artículo se basa en un podcast de Risk.net podcast con David Croen, titular global de productos de riesgo crediticio de Bloomberg.
Una guerra de precios del petróleo, la pandemia global del COVID-19, el aumento de las fricciones políticas y comerciales y una serie de eventos relacionados con el clima sin duda hicieron del 2020 un año de desafíos sin precedentes para los administradores de riesgo crediticio, que enfrentaron una serie de impagos y quiebras de alto perfil en todos los sectores.
Algunos impulsores clave del crédito incluyeron desafíos estructurales de la industria, reducción en la trayectoria de crecimiento, deterioro en las eficiencias operativas en ciertos sectores, cambios en el enfoque regulatorio, reducción en la intensidad del gasto en bienes de capital y una disponibilidad de financiación limitada. Los sectores de energía, viajes, tiempo libre y hotelería experimentaron repercusiones negativas considerables, mientras que la debilidad de las tiendas minoristas se aceleró más en 2020. Muchos de estos impagos dieron lugar a una disminución en las recuperaciones para los inversionistas.
La caída en los precios del petróleo y del gas natural, impulsada por una guerra de precios del petróleo, y exacerbada por la menor demanda debido a la pandemia del nuevo coronavirus (COVID-19), afectó negativamente a las empresas energéticas, y las ineficiencias del mercado llevaron a los futuros de petróleo a niveles de precios negativos por primera vez desde que se iniciaron los registros. El sector de energía representó casi una de cada cinco quiebras en EE.UU. en 2020.
Mientras tanto, los cierres fronterizos relacionados con la pandemia causaron una baja de más del 60% anual en el tráfico aéreo y obligaron al cierre de muchos hoteles y restaurantes, debido a que los viajes prácticamente se paralizaron. Varias aerolíneas fueron rescatadas por sus gobiernos, mientras que otras se declararon en quiebra.
Aunque los bancos centrales continuaron proporcionando un respaldo sustancial a los mercados de tasas (más de US$6 billones en 2020), las empresas todavía necesitaban gestionar sus flujos de caja, y algunos informes sugieren que la debilidad crediticia continuará en 2021. Las bajas tasas han dado lugar a la emisión de préstamos y bonos que casi llegaron a niveles récord, lo que podría generar un riesgo moral para los inversionistas. Con poco más de US$16,8 billones a nivel mundial en bonos de rendimiento negativo, ¿cómo deberían los inversionistas abordar el retorno sobre capital versus el retorno de capital?
Riesgo crediticio en 2021 Una entrevista con David Croen, titular global de productos de riesgo crediticio de Bloomberg
2021: Un horizonte sombrío y más incógnitas
Si el 2020 resultó ser un año desafiante para los mercados, el 2021 también podría presentar nuevas incógnitas a las que los administradores de riesgo crediticio deberán anticiparse. Los bancos centrales siguen expresando preocupación sobre el crecimiento global y la posible tasa de recuperación en 2021. El COVID-19 continuará presentando desafíos a los gobiernos, empresas y cadenas de suministro. La inflación podría convertirse en un problema, al menos temporalmente, pero la atonía del mercado laboral y algunos precios en retroceso podrían compensar las presiones. Pueden seguir habiendo eventos crediticios mientras continúan los programas de apoyo del gobierno. Tanto la Reserva Federal de EE.UU. como el Banco Central Europeo (BCE) han dicho que las recuperaciones económicas están perdiendo fuerza, recomendando que los bancos centrales y gobiernos proporcionen juntos un respaldo adicional para la estabilidad económica. Parece probable que los bancos centrales sigan proporcionando apoyo al mercado durante algún tiempo. Tomará algo de tiempo recuperar la gran cantidad de empleos que se perdieron durante el 2020.
El BCE recientemente dio a conocer planes para comprar 500.000 millones de euros adicionales en bonos, extendiendo su Programa de Compras de Emergencia por Pandemia (PEPP) hasta marzo de 2022, y manteniendo su respaldo a los bancos para que el crédito siga fluyendo, en una apuesta por impulsar la economía de la zona euro hasta el esperado fin de la pandemia del COVID-19. El paquete parece tener por objeto mantener los costos de endeudamiento bajos para los gobiernos, hogares y empresas, y acerca al BCE a un objetivo absoluto hacia niveles específicos en los rendimientos y spreads de los bonos. Los halcones y palomas de la política monetaria mantienen una conversación sobre cuánto apoyo futuro puede haber en el BCE, es decir, si los 500.000 millones de euros se encuentran dentro de un rango o si ahora podría ser el límite.
La pandemia podría dejar algunas cicatrices a largo plazo. Las economías en muchos países podrían haberse contraído un 5-10% en 2020, con solo una modesta recuperación en 2021. La reducción en la inversión de capital significa que el capital social podría ser menor por un período más largo y que el aumento de la productividad podría verse limitado mientras se mantiene a los trabajadores lejos de las oficinas y fábricas o son despedidos.
Además de la crisis inmediata del COVID-19, Europa también enfrenta varios problemas de larga duración. La productividad —la principal fuente sostenible de una mejora en la calidad de vida— ha sido divergente durante mucho tiempo en las economías de la zona euro. El rápido avance hacia la digitalización y el comercio electrónico está aumentando las presiones sobre las empresas para economizar más, lo que podría no dar cabida a la recuperación total del empleo. Además, al mismo tiempo, las presiones demográficas, como el envejecimiento de la población, siguen intensificándose.
Los reguladores han tomado nota de estos desafíos. En la reciente carta enviada por el BCE a los directivos de los bancos, este solicita a 113 instituciones significativas (es decir, grandes bancos) presentar antes de fines de enero de 2021 sus planes para abordar el rápido aumento en los riesgos crediticios, luego que el BCE expresara su preocupación de que las pérdidas de la banca podrían superar las pérdidas sufridas durante la Crisis Financiera Global. El BCE destacó que los bancos deben mejorar los procesos y controles, garantizar que los datos estén actualizados y aumentar el uso de medidas crediticias prospectivas (por ejemplo, la probabilidad de impago del point-in-time, en lugar del enfoque de agencias calificadoras a través del ciclo que no ha captado dinámicamente el aumento o la variabilidad en el riesgo crediticio). El BCE espera que los bancos evalúen activamente las finanzas y cálculos cuantitativos para la Probabilidad de impago, Exposición al riesgo de crédito y Pérdida dado el impago, en relación con el uso de capital y para evaluar el deterioro bajo la NIIF 9.
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